Ego sum

 

 

En este nuevo artículo quiero hablarles de otra de esas cosas que deberían de saber antes de apresurarse a dictar sentencias que sólo obedecen a lo que se piensa que es en lugar de referirse a lo que realmente es.

El tema es peliagudo y no faltarán, como de costumbre, aquellos que pongan gritos en el cielo y se echen la manos a la cabeza. Con este nuevo tema espero estar a la altura que se me exige, aunque no exista una compensanción, porque, por supuesto, les quiero hablar del ego.

Desde un pundo de vista psicologíco – pues es el que generalmente se arguye – el ego puede definirse como: “Unidad dinámica que constituye el individuo consciente de su propia identidad y de su relación con el medio”.

Por otros nombres, en otras lenguas, el ego es conocido como: Ich, en alemán o moi, en francés

Dicho esto podría afirmarse que, como tal, el ego es el punto de referencia que se tiene sobre los fenómenos físicos y psíquicos.

Remitiéndome al Diccionario de la Real Academia Española, el ego – referido a la psicología y dentro de la connotación que tiene como “yo” – es definido como:  “Parte consciente del individuo, mediante la cual cada persona se hace cargo de su propia identidad y de sus relaciones con el medio.”

Por lo que la afirmación de que el ego es el punto de referencia que se tiene sobre los fenómenos físicos y psíquicos puede, ahora sí, hacerse con todas las de la ley.

Esto, evidententemente tiene unas connotaciones que a más de uno y más de dos dejarán boquiabiertos. Provocando incomodidades e incluso repulsión y odio visceral. Pues como tal, el ego es el portador de nuestra conciencia consciente de existir, así como el sentimiento permanente de identidad personal. Es el organizador consciente de nuestros pensamientos e intuiciones, de nuestros sentimientos y sensaciones. Es el portador de la personalidad.

En términos académicos (filosóficos y humanistas) el ego está directamente relacionado con la conciencia y la cognición.

Conciencia y cognición. Dos cosas que no hacen sino referirse a los mecanismos de procesado de información que desembocan en un conocimiento reflexivo y de aprendizaje para discernir entre lo que es y lo que se piensa que es.

Por otra parte, desde un punto de vista clásico, el ego no es otra cosa que el “alma”. Disquisiciones filosóficas a este respecto, como la substancia de la misma o una suerte de epifenómeno, no serán explicadas en favor del desarrollo del tema (aunque igualmente se puede usted informar sobre ello).

Ejemplo de de lo dicho son la Razón kantiana o el Geist (espíritu) de Hegel.

Y como de costumbre se habla sin saber. Y como de costumbre hay quien se lo cree.

Claro es que un exceso patológico de ego no sólo no es bueno sino que, además, es dañino. Los psicópatas, por ejemplo, tienen un fuerte egoismo, al tiempo que indican a otros que abandonen el suyo. De ahí que se piense, por lo general, que el ego es un monstruo del averno que está agazapado, acechante, para saltar sobre uno. Cuando en realidad ese ego y ese uno son lo mismo.

Si el ego le parece a una persona una especie de monstruo es porque tal persona lo es y no quiere afrontar la realidad.

Y ya que he mencionado egoismo, quizás convendría explicar que es.  El egoismo, no es otra cosa que  el inmoderado y excesivo amor a sí mismo, que hace atender desmedidamente al propio interés, sin cuidarse del de los demás.

Es por ello que de todo punto de vista, el egoismo no es deseable, ya que cosifica, niega y hasta pretende destruir los egos de aquellos con quien se interactua. Ahora bien, eso no significa que uno tenga que abandonar el ego.

El concepto de abandono del ego, es un concepto que ha calado hondo en la sociedad. Para desgracia nuestra. Suya y mía.

Una sociedad que ha adquirido como valor – o dogma, que tanto da – el desprenderse del  punto de referencia que se tiene sobre los fenómenos físicos y psíquicos. Desprenderse de la conciencia de existir, de su propia identidad personal – mientras se alaban otras entidades personales como Beyoncé, Messi o “la Esteban” – de su capacidad de organizar adecuadamente pensamientos e intuiciones,  sentimientos y sensaciones, de su personalidad y, en definitiva, de su alma.

Le pondré un ejemplo. La India es el país con más sabios por centímetro cuadrado del planeta, o al menos eso se dice. En la India siempre se ha hablado del abandono del ego desde la malinterpretación de una serie de filosofías que están tan corruptas como las que se critican en occidente. El resultado es que tanto su régimen político como religioso – y económico también – está organizado en base a las castas. Personas que gobiernan sobre otras sin que las gobernadas tenga siquiera una posibilidad de llevar una vida digna y própera. Y todo por este abandono del ego.

La espiritualidad, pretendida espiritualidad, hindú es legendaria y por acá y acullá existen un montón de gurús, santones y ciegos devotos que la buscan y la ansían. ¿Por qué sera esto? ¿Quizás por que ego y alma son sinónimos? ¿Será porque, como apunta Hegel, el Geist (Espíritu) es lo mismo que el ego?. Probablemente sí. Cosa esta muy triste.

Fomentar, alimentar y cultivar el ego es de vital importancia para el desarrollo de individuo y de los pueblos en todos los campos y dimensiones.  Ya que de esta manera ampliamos el punto de referencia que se tiene sobre los fenómenos físicos y psíquicos. Expandimos la conciencia de existir y de la identidad personal, la capacidad de organizar adecuadamente pensamientos e intuiciones,  sentimientos y sensaciones y, en definitiva, del alma. Cosa esta curiosa, porque en varias culturas se afirma que el alma se tiene que forjar y ganar.

Tal cultivo no debe, sin embargo, trascender los límites de la propia individualidad, ya que al traspasarlos se produce la cosificación de los egos con los que hemos de interactuar. Convirtiéndonos – y al ego con nosotros – en esos detestables monstruos de los que pretendemos huír.

Ahora sabe por qué hay tanto interés en que uno se desprenda del ego.

Ahora sabe como se puede manipular mentalmente a una persona.

Ahora sabe, en definitiva, parte del engaño.

Y ahora saben, que quizás, tengan algún grado de responsabilidad en el mismo.