Las cosas por su nombre (III)

En esta tercera entrega quiero concluir el asunto de los querulantes, pues es un tema extensísimo que da para mucho.

Expuestas las características y procederes del querulante, su motivación y su trastorno cabe ahora hacer notar como se crean algunas conspiraciones. De hecho podríamos denominar al querulante – dada su condición de paranoide – como el as de las conspiraciones.

Imagine que usted está tratando un tema y cae en la cuenta de un hecho de suma relevancia (que no quiere decir que todos lo sean, que los errores de lógica abundan) y gana cierta parcela de credibilidad. Imagine ahora que a otro que basaba su doctrina en el mismo tema pero sin el nuevo aporte, queda en evidencia. Imagine que poco a poco esa persona va perdiendo prosélitos (que es lo que son) por vislumbrar estos algunos errores en el planteamiento. Imagine que aunque no vayan a sus faldas si que abandonan a su “gurú”.

Continúe imaginando como ese “gurú”, dada su calidad de trastornado (posiblemente proveniente de una familia desestructurada con ausencia de referente paterno, que es lo común), empieza a generar una serie de sensaciones y acaba dando con usted. La pregunta es: ¿Cuánto tiempo habrá de faltar para que exista un complot organizado del que usted, sin saberlo, forma parte como un doble agente? ¿En cuánto tiempo será usted un lacayo del Mal que amenaza a un sujeto que se dice poseedor de la Verdad Absoluta?¿A cuantas sectas habrá pertenecido usted sin siquiera haberse dado cuenta? ¿Cuáles seránn los supuestos signos que lo delaten?

Ahí tenemos una micro conspiracion.

Una micro conspiración que nace de la envidia y el resquemor que nacen del querulante que:

a) Se siente atacado y ofencido.

b) Intenta equipararse a usted fagocitándolo cual canibal.

El querulante, como se ha visto, inventará una rocambolesca historia sobre usted en la que conjugará una serie de elementos doctrinarios para hacerle pasar por un enemigo de la Humanidad.  Estas acusaciones en falso, suelen quedar en agua de borraja por no hacérseles caso o devolverles su odio transformado en sentido del humor (en una forma que se entiende no lesiva del acusador).

Con todo y con eso, el querulante – cuanto más trastornado más probabilidad – es capaz de llevar su paranoia hasta los tribunales donde suele quedar en evidencia por su simple percepción de la realidad.

El que miente  estando bajo juramento recibe el nombre perjuro.

El acusador, en calidad de testigo, una vez que ha decidido arrastrarle hasta la Justicia tiene la obligación legal de decir la verdad o ser procesado por la vía penal.

Por otra parte, si bien el ámbito habitual de aplicación de este delito es en el marco de los tribunales, también cabe en todos aquellos casos en los que la ley exige a una persona un juramento o promesa de decir la verdad, y ésta la incumple.

Pero esto no deja de ser una americanada. En España, empleamos el termino “falso testimonio”, que es igual

El Código Penal de España regula el falso testimonio en los artículos del 458 al 462, dentro de los delitos contra la Administración de Justicia. El artículo 458 establece que el testigo que faltare a la verdad en su testimonio en causa judicial será castigado con las penas de prisión de seis meses a dos años y multa de tres a seis meses.

Cabría añadir otras penas destinadas a la reparación de daños y perjuicios, injurias, calumnias y todo cuanto se estime oportuno.

Fíjese que  Epiceto (55 dC,135dC) diría que:

Acusar a los demás de las desgracias propias es la vía de la ignorancia…”

Ahora sabe que es un querulante, como actúa, que consecuencias acarrea y como se le puede contrarrestar.