Las cosas por su nombre (I)

Hoy vengo a hablarles sobre una figura muy en boga, conocida bajo diversos nombres (como casi todo lo que es nocivo). El sujeto de mi análisis no es otro que el querulante.

Querulante es una palabrota técnica para referirse a lo que “los Obús” denominaron como “Estúpido Acusador” (busque el video) y que en el ámbito clínico se conoce como  el falso denunciante.

Levantar falso testimonio, sobre todo con reincidencia y adaptar el modus vivendi y profesión a esta repugnante práctica, denota una estructura de la personalidad básica deficiente y un comportamiento psicopático y sociopático  respaldado por  una sobrevaloración de sus derechos en perjuicio de los que le rodean, y especialmente de aquellos a quien denuncia, porque las denuncias falsas no suelen ser la única “hazaña” de la que es capaz un querulante.

Insidias, infundios, conspiraciones, intoxicaciones, desinformación,  proselitismo y todo tipo de conflictos surgen a su alrededor de manera unívoca.

De las patologías descritas por CIE-10 que se han de considerar especialmente adecuadas para identificar y perfilar al falso denunciante se encuentran  “paranoide” y “disocial”. Esto se debe a que  en su querulancia  (amoralidad infinita), pretende obligar a los demás a respetar lo que predica pero no practíca. A menudo, el falso denunciante es perfectamente capaz de denunciar falsamente los delitos que él mismo comete, incluso hasta llegar al temible pero bien conocido síndrome del “bombero pirómano”.

Por ejemplo, un fanático religioso que por querulancia se dedica a denunciar a otros como sirvientes del mal elaborando toda una cosmogonía (y simbología también), que vincula – aunque sólo sea en su retorcida mente – al sujeto denunciado con el objeto de la acusación. Cosa que no sólo satisface al querulante, sino que además le justifica para ejecutar acciones tan aberrantes como ilegales.

La psicopatías y sociopatía características del falso denunciante no sólo se definen por sus incompatibilidades excluyentes. El paranoide no delira, sino que “conspira contra supuestas conspiraciones”, y el sociópata no es emotivo, sino que permanece impasible ante el daño causado que él mismo nunca soportaría.

La intolerancia – entendida como todo aquello que el indeseable se permite a sí mismo, pero no permite a los demás – es lo opuesto a la tolerancia (como aquello que no nos permitimos a nosotros mismos, pero que aceptamos, o al menos “toleramos”, si lo hacen otros).

El falso denunciante es un lobo con piel de cordero dotado de una gran inteligencia orientada a la perversión (aunque pretendan instaurar el reino de los cielos a golpe de espada) por lo que nunca conviene despreciar o ignorar su malicia, y es aconsejable hacerle frente con decisión y contundencia, sin concesiones de ningún tipo. Duro y potente.

El querulante tiene especial habilidad en crear y cerrar círculos indemostrables, buscando deliberadamente dejar al denunciado ante un cúmulo de pruebas diabólicas de hechos negativos en procesos inquisitoriales mientras se cultiva el apoyo de la autoridad judicial y policial.

Desde un punto de vista netamente clínico, la clasificación CIE-10 define los dos tipos que mejor enmarcan la personalidad y la conducta del sujeto ta, del siguiente modo:

F60.0 Trastorno paranoide de la personalidad

Es un trastorno de personalidad caracterizado por:
a) Sensibilidad excesiva a los contratiempos y desaires.
b) Incapacidad para perdonar agravios o perjuicios y predisposición a rencores persistentes.
c) Suspicacia y tendencia generalizada a distorsionar las experiencias propias interpretando las manifestaciones neutrales o amistosas de los demás como hostiles o despectivas.
d) Sentido combativo y tenaz de los propios derechos al margen de la realidad.
e) Predisposición a los celos patológicos.
f) Predisposición a sentirse excesivamente importante, puesta de manifestado por una actitud autorreferencial constante.
g) Preocupación por “conspiraciones” sin fundamento de acontecimientos del entorno inmediato o del mundo en general.

F60.2 Trastorno disocial de la personalidad

Es un trastorno de personalidad que, normalmente, llama la atención debido a la gran disparidad entre las normas sociales prevalecientes y su comportamiento. Se caracteriza por:

a) Cruel despreocupación por los sentimientos de los demás y falta de capacidad de empatia.
b) Actitud marcada y persistente de irresponsabilidad y despreocupación por las normas, reglas y obligaciones sociales.
c) Incapacidad para mantener relaciones personales duraderas.
d) Muy baja tolerancia a la frustración o bajo umbral para descargas de agresividad, dando incluso lugar a un comportamiento violento.
e) Incapacidad para sentir culpa y para aprender de la experiencia, en particular del castigo.
f) Marcada predisposición a culpar a los demás o a ofrecer racionalizaciones verosímiles del comportamiento conflictivo.

José Antonio García-Andrade (doctor en psiquiatría forense), sostiene que:

“El psicópata fanático es aquel que tiene unas ideas sobrevaloradas, que ejercen una acción tiránica sobre el campo de la conciencia, por su permanencia y gran carga afectiva, de tal manera que muchas veces no sabemos en presencia de quien estamos: si ante un idealista apasionado que por sus ideales es capaz de sacrificar su vida o su porvenir;  en presencia de un fanático que tiene unas ideas sobrevaloradas; o bien ante un paranoico con su vivencia delirante, puesto que en ocasiones es muy difícil establecer las fronteras entre unos y otros”.

Continuará…