La Muerte. El final. (Actualizado)

Posted on 23 marzo, 2012 by JPN.
Categories: Colaboraciones, Liberación.

 

   

 

Espero sepan disculpar los juegos de palabras que a menudo suelo hacer. Pero me parece que como ejercicio intelectual y añagaza titular, son permisibles.

Este es el último de los artículos que he dedicado a la muerte. Un tema no muy bien entendido – por no decir mal entendido – del que apenas sabemos nada.

Mi fin no es otro que el de apuntar ciertos hechos que opino de cierta relevancia. A la hora de las conclusiones dejaré que sea usted el que las piense por sí mismo, no vaya a ser que suceda lo mismo que con el asunto del Ego. Porque a menudo uno defiende su “libertad de expresión” a la hora de quebrantar la del otro. Y cosas peores que se han visto. Pero esa, como tantas más, es otra cuestión.

 

En el artículo fotografías, vimos como en un tiempo se estilaba el fotografiar a los difuntos. Quizás por tener un recuerdo de los mismos, quizás por la incertidumbre de lo que más allá pudiera haber. Siendo que si no hubiera nada, eso llevarían de adelanto.

En el artículo Memento Mori, hice un repaso a lo que de común conocemos como muerte, evidenciando un total desacuerdo – así como una escasez de conocimientos – con respecto de lo que la muerte es. De los mecanismos que la producen y de si existe algo más allá.

Ars moriendi trató el asunto del buen morir, no fuera que más allá de lo terreno nada existiese. O si se preferie la importancia de estar uno en paz consigo mismo. Pues según veo, el principal problema que la muerte plantea en la inmensa mayoría de los sujetos es el desasosiego que produce el Examen de Conciencia que se da antes del óbito.

En ECM hablé de la posibilidad – si bien es cierto que no conocemos realmente a que obedecen estos procesos – de un estadio después de la vida. Los estudios de Raymond Moody (científico él, que yo no dudo de la ciencia, pero sí de los que pervierten a la misma), así parecen demostrarlo.

Esto unido a las reflexiones de Ars moriendi, imposibilitaría el acceso al mismo a aquellos que andan atormentados a la hora de morir. Por lo menos de una forma pronta o inmediata. Cosa indemostrable la que dígo -  a día de hoy – pero que me atrevo a conjeturar. ECM, digamos, es una esperanza para restar miedo al momento de la defunción.

 

 

Reencarnación, era el contrapunto obligado de ECM. Más que nada por guardar coherencia y mantener la sensatez. Pues aunque admitieramos como válida una existencia posterior a la que tenemos antes de morir (cosa que parece ser), los más firmes defensores de estas teorías – “reencarnacionista” y “renacentistas” – tampoco se ponen de acuerdo en la cuestión. Pues cada uno parte de fundamentos totalmente opuesto.

Como ven es un campo muy farragoso este de la muerte. Yo soy incapaz de comprenderlo. Cada pregunta que he creído resolver no ha hecho sino multiplicarse en nuevos interrogantes. Su número, proporcional a la profundidad de la pregunta formulada.

Ahora toca a cada uno la reflexión y el estudio – si es que  se desea – de tan misterioso tema.

Dicho sea que bien poco importa el cuándo y el dónde. Sólo el cómo. Incluso la diferencia entre “muerto” y “matado” es irrelevante.

Sé también que hay quien ve la muerte como algo ilusorio – y no porque la vida misma no lo sea (que para eso tendría yo que escribir otra tanda de artículos) – sino como una cosa que realmente no existe. Cosa que en sí misma es una contradicción. Nadie (que no sean figuras idealizadas con unos cuantos milenios a sus espaldas) ha vuelto jamás del más allá después de haber fenecido. Ergo, la muerte si que existe.

Otra cosa bien distinta es que ese trance al que llamamos muerte sea puerta por la que de igual modo que abandonamos la estancia que llamamos “vida”, entremos a otra que sólo podemos llamar “incertidumbre”. Y quien le diga lo contrario le miente miserablemente, pues no son pocos los que en ello tienen forma de subsitir.