Reencarnación

Posted on 20 marzo, 2012 by JPN.
Categories: Colaboraciones, Liberación.

  

 

Siguiendo con el tema de la muerte y de sus ramificaciones – habiendo expuesto las fotografías de los difuntos, hablado sobre el Memento mori, el Ars Moriendi y las ECM – inevitablemente llegamos a un tema de esos que parecen ser la madre del cordero. Por su puesto que me refiero a la reencarnación.

La reencarnación, podría definirse como la creencia en la existencia de una esencia inmaterial (también inmortal) en los seres vivos, que es capaz – en el correr del tiempo y siempre tras la defunción – de ocupar otros cuerpos materiales.

Esto que tan sencillo suena y que tan bien se cree comprender en realidad no lo es tanto, pues la reencarnación tiene – como todo – sus ramificaciones y divergencias. Pero de eso no suele hablarse, principalmente, por no conocerse.

Pudiera parecer que este fenómeno, el de la reencarnación, es cosa nueva. Esto, generalmente se piensa por el redescubrimiento de la misma, a raíz de la inclusión de las filosofías del lejano oriente dentro de los ámbitos esotéricos de Occidente (Blavatsky, Crowley o Kardec son ejemplo de inclusiones de doctrinas orientales en el esoterismo europeo).

Lo cierto es que, por ejemplo, en Europa esto ya se conocía desde los tiempos de la Grecia clásica. El orfismo o la metempsicosis pitagórica son muestras de ello. La transmigración de las almas (por ejemplo el urushdaur de los pueblos mesopotámicos o el clásico pacto con el diablo medieval), tampoco eran desconocidas. De hecho, la terminología referente a la resurrección del cristianismo – y anteriormente del gnosticismo – probablemente no sea sino una referencia a la reencarnación. O al menos eso es lo que he llegado a pensar tras estudiar el asunto.

Mitos como el Gaf, las estancias Devachanicas o incluso el Tártaro son base de los procesos reencarnativos – por llamarlo de algún modo – de credos tan dispares como el judaísmo, el hinduismo o las tradiciones clásicas griegas. Los libros de los muertos egipcio y tibetano también son ilustrativos de esta creencia común al ser humano, en oposición a creencia exclusiva de una particularidad religiosa.

Por lo general, cuando se habla de reencarnación se aducen cuestiones como el Karma, que si bien son particulares de una parcialidad religiosa tendrían cierto sentido siempre que se acompañen del Dharma, la metemsomatósis y la palingenesia. Todas estas palabrotas, son necesarias a la hora de comprender el asunto de la reencarnación desde una perspectiva básica, pero más sofisticada que el simple – y a menudo mal entendido – Karma. Un discurso fácil de repetir, pero tan hueco como el que con él se quiere llenar. Pues lo normal es que se omitan partes del planteamiento reencarnacionista para que el individuo acepte una serie de verdades que no son sino mentiras.

Por otro lado, de la reencarnación podría decirse que la hay de dos tipos. O por lo menos, que existen dos corrientes de pensamiento con respecto de la misma, bien diferenciadas la una de la otra.

Por un lado tenemos a los “reencarnacionistas”, que afirman la existencia del alma como cosa inmortal e inmutable y cómo esta adquiere nuevos “vehículos” con los que hoyar en esta tierra. Y, por otro, tenemos a los “renacentistas” – generalmente budistas – que no creen en la existencia del alma como cosa inmortal, sino que son una serie de  impulsos inconscientes, por su naturaleza mutables, los que vuelven a nacer, transformándose con la experiencia del individuo cambiando así en otros diferentes. Cosa esta que tiene que ver con otro principio que es necesario conocer – antes de hablar de reencarnación – el principio de “impermanencia”. Estrechamente vinculado a la concepción pitagórica de la Metempsicosis.

Podría decirse, que unos consideran que el alma existe y adquiere nuevos conocimientos – si es que puede llamárselos de la forma tal – y que otros opinan que el alma no existe y que son esos “conocimientos” los que mutan a través de la experiencia que atraviesan.

Es decir: Mientras unos opinan que el alma es y evoluciona con la adición de experiencias. Otros opinan que el alma no es y que son las experiencias diferentes las que se transforman e imbuyen otros cuerpos.

A estos últimos les debemos la cuestión de los registros Akasicos. Que si bien pueden definirse como el Inconsciente Colectivo, afrontándolos con los planteamientos reencarnacionistas serían una especie de Devachan donde se reunirían – de algún modo y manera – todas esas experiencias.

Por otra parte, cuando de reencarnación se habla, los “reencarnacionistas” aducen que el ser encarnado puede dar un salto involutivo hacia estadios inferiores, generalmente animales, debido esto al Kharma.

 

Por su lado, los “renacentistas” – cosa que me parece más lógica que la anterior – argumentan que habiéndose obtenido un conocimiento que permite llegar a un estadio, este se conserva. Dicho de otro modo. Si usted adquiere los conocimientos necesarios para llegar a segundo curso será colocado en él, mientras que si no adquiere los conocimientos necesarios para pasar al tercer curso, no será devuelto al primero. ¿Se entiende?

Hay quien pretende dar pruebas de la existencia de la reencarnación basándose en testimonios de majaderos (“novoeristas”) que aducen recordar un sin fin de vidas pasadas. Cosa que, por ejemplo, la regresión hipnótica ha invalidado, revelando no pocos fraudes. De ahí los problemas que surgen al hablar de ciertos temas.

Si bien es cierto que la hipnosis regresiva no es una herramienta eficaz a la hora de verificar la existencia de la reencarnación – pues desde pequeños se nos enseña una cronología específica que yace en nuestro subconsciente con la que nos podemos situar desde hoy hasta el origen del universo, o de cómo creemos que fue – parece ser que esta posibilidad bien pudiera darse.

 

No son pocos los casos en los que niños “rebotados” hablan de lugares en los que nunca estuvieron y que cuando son investigados coinciden milimétricamente con la versión dada. Nombre de personas con las que supuestamente convivieron y hasta oficios y tragedias que en aquellos lares se dieron.

Podría ponerles una infinitud de ejemplos de este tipo, pues todos me parecen de sumo interés. Pero si realmente le interesa, recomendaría los buscase por su propia cuenta.

La cuestión es que tanto “reencarnacionistas” como “renacentistas” creen poder explicar – cada uno a su manera – los casos de este tipo.

 

Unos con aquella cosa que es el alma y otros con la otra cosa que son los impulsos inconscientes.

Cabe decir también que, por ejemplo, René Guenón, estaba en contra del concepto de reencarnación y que consideraba tal cosa como un pensamiento occidental que poco tenía que ver con las doctrinas orientales. A lo que tengo que decir que si bien estoy de acuerdo, en parte y, por evidente que es, no es menos cierto que René Guenón no es una fuente muy fiable de información por no emplear con corrección conceptos como ocultismo, esoterísmo y una amplia gama de palabras y terminologías que confunden  al lector no conocedor de ellas, en lugar de aclarar las ideas.

No obstante, Guenón, pone de relieve como el espiritismo Kardeciano ha convertido el pensamiento “reencarnacionista” en un dogma. Como suele pasar bastante a menudo. Fíjese si no en el asunto del tantrismo. Se piensa que los hindúes, en su originalidad, crearon el tantrismo (por ejemplo Kamasutra y Ananga Ranga) y que en Europa se carecía de tal conocimiento. Cosa de todo punto falsa porque aquí estaban los ritos dionisiacos – o si se prefiere – las bacanales, el sexo sagrado y un sin fin de cosas que los más doctos ignorantes creen haber descubierto en otras culturas distintas de la suya.

Como en ocasiones anteriores – sabiendo como he dicho la sarta de palabrejas que es necesario comprender antes de acometer el tema – la supuesta reencarnación (por lo menos la más generalizada), sigue sin explicar la cuestión de la defunción, y de lo que hay más allá. Aunque plantea una prolongación de la existencia que en base a intuiciones quiere dar respuesta a uno de los mayores enigmas de la humanidad.

Aquí dejo el asunto de la reencarnación. Como en el asunto de las ECM lo hago  para que se documente y no haga caso, simplemente, de lo que le digo.