Adicción

 

Última entrega sobre el experimento de marras. Las conclusiones.

Reconozco que ha sido raro. Reconozco que ha sido retorcido. También pienso que era necesario.

Las conclusiones al respecto de esta cosa que he llamado experimento son sumamente interesantes. Y si bien no las voy a reflejar en su totalidad, si que haré mención a alguna de ellas.

En cuanto a las adicciones, podría definirse a la  adicción como: “Enfermedad física y psicoemocional, basada en la dependencia hacia una sustancia”. Quizás esto parezca evidente, pero en realidad no lo es tanto.

La adicción se caracteriza por un deseo que consume o que se apodera de los pensamientos y comportamientos  – por ejemplo el síndrome de abstinencia (mono) – del adicto. Las adicciones no son hábitos.

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS) una adicción es: “Cualquier actividad que el individuo no sea capaz de controlar, que lo lleve a conductas compulsivas y perjudique su calidad de vida, como por ejemplo: al sexo (incluyendo la pornografía), al juego,  a la televisión o, incluso, a las nuevas tecnologías.”

Les digo esto porque cuando la gripe H1N1, la OMS cambió el significado de lo que es una pandemia. Y ahora van a ver el sentido de lo que les quiero comunicar. Parece ser, a tenor de lo expuesto, que hábilmente se han mezclado dos cosas bien distintas y diferenciadas como son el Trastorno Obsesivo Compulsivo (TOC) y las adicciones:

1.- Adicción: “Enfermedad física y psicoemocional, basada en la dependencia hacia una sustancia.” Ejemplo: alcoholismo.

2.- Obsesión: “Idea, pensamiento, imágenes o impulsos recurrentes, que no son experimentados como producidos voluntariamente, y que son vividos como repugnantes o sin sentido.” Ejemplo: No pisar las yagas de unión del pavimento.

3.- Compulsiones: “Son conductas repetitivas y aparentemente finalistas que se realizan según determinadas reglas. La conducta no es un fin en sí misma, sino que está diseñada para producir o evitar algún acontecimiento o situación futura, relacionados con la obsesión en cuestión, por lo que su realización reduce la ansiedad provocada por la última.” Ejemplo: Los denominados como numerales: que buscan sentido a los números que les rodean; sumándolos, restándolos, cambiándolos hasta obtener un número significativo para ellos (el que le busque tres pies al gato, probablemente sea uno de estos que digo).

Cabe decir que el TCO, es un trastorno neurológico – no físico ni psicoemocional, que no es dependiente de una sustancia, como la adicción – perteneciente al grupo de los desórdenes de ansiedad.

También opino que es fácil crear opinión pública – que no alimentarla o dar datos veraces y concluyentes que, eso a día de hoy, no se hace – haciéndo uso del “argumentum ad verecundiam” , apelando a la faceta científica (presupuesta) de una persona u organismo (como la OMS) o de unos inventados científicos chinos, por ejemplo. Sobre todo por parte de los medios de comunicación – por ejemplo este que usted está usando – ya que juegan una baza determinante a la hora de propagar una información dada. El problema es que el que es periodista no es psiquiatra; y lejos de contrastar la información la divulga y difunde como cierta. De ahí aberraciones como “violencia machista” o “adictos a internet”. Palabras y combinaciones de ellas que no son sino sinsentidos, que incluso llegan a carecer de significado. Por ejemplo, “metrosexual”: ¿Un metro – herramienta de medida, unidad de medida o tipo de transporte – lascivo o, por contra, un medidor de sexualidad gramaticalmente mal articulado que debería de llamarse “sexualómetro”?

No obstante, parece ser que el objetivo último de instituciones tales como la OMS – o la Dirección General de Tráfico (DGT) – no es que se llegue a la erradicación de las enfermedades o incluso a un nivel de salubridad que nos situe en la linea de la inmortalidad (es decir, que no se produzca un cese de las funciones vitales de una forma patológica). Esto lo digo porque al no existir problemas sanitarios (o accidentes de tráfico en el caso de la DGT) la OMS, como tal, dejaría de existir.Y ahí el dilema. De ahí que se diga y acepte lo que ya les he comentado, pese a ser una mera invención. Para que la OMS pueda seguir existiendo han de aparecer nuevas enfermedades.

Se deforma el significado y concepto de lo que es una cosa (adicción). Se adhiere a otra bien distinta (TOC). Se confecciona un test que diagnostica algo inexistente y se distribuye alegremente para la diagnosis de una nueva enfermedad (por ejemplo el VIH), pese a conocerse que tal cosa no puede darse.

Por el camino, experimento mendiante (éste en concreto), se puede cotejar como influye el resultado en las personas y como algunas de ellas dan consentimiento para que se obre, en base a una entelequia, en ellas. Pensando que tienen un trastorno o incluso una enfermedad. Cosa esta curiosa, porque a lo peor es que sun conyuge  no es adicto/a al sexo…

Parafraseando a José Miguel Gaona: “No es posible crear adicciones a las personas [...] Nunca se ha hablado de nadie que sea adicto a los libros o al papel o a la celulosa”.

Por lo que ante este tipo de cosas: adicción al sexo, a internet, a la tele, etc. No deberían ustedes de preocuparse. Ni acunque hubieran obtenido un 100% en los resultados de tal test.