Quod ego sum

Retrato de Javier Pérez Nieto, realizado por Ray Astro.

Javier Pérez Nieto, por Ray Astro.

A estas alturas ya debería saber de que voy hablar, pero si es nuevo o ha encontrado esto por casualidad, decirle que es la tercera y última parte – y más larga – de una serie de artículos titulados Ego sum, Ego sum quid siy y Quod ego sum (que es el presente y que, por eso, no tiene enlace).

En estos artículos se ha hablado del ego, del ego como forma de control sobre los demás – concretamente desapegarse o intentar destruirlo – y de tantas otras cosas, que si se las reprodujese no acabaría de escribir este artículo.

Mi fin no es otro que tratar en este artículo las implicaciones del ego con respecto de la consciencia (por si no hubiese quedado claro ya), así como alguna otra cuestión referida al mismo.

Dicen que a la tercera va la vencida. Veremos a ver.

Mi propósito era, y digo bien, complementar los artículos anteriores con más casos datos y autores, pero dado el cariz que ha tomado tal asunto, no lo voy a hacer.

Recapitulando. El ego se define como: “Unidad dinámica que constituye el individuo consciente de su propia identidad y de su relación con el medio”.

Según el Diccionario de la Real Academia Española el ego – referido a la psicología y dentro de la connotación que tiene como “yo” – es definido como:“Parte consciente del individuo, mediante la cual cada persona se hace cargo de su propia identidad y de sus relaciones con el medio.”

¿Puede inferirse entonces que el ego está relacionado con la consciencia?

Puede, pero solo en base a lo que consciencia significa y si existe relación entre los significados y definiciones de ego y consciencia.

Según el Diccionario de la Real Academia Española, consciencia es, en primera acepción, sinónimo de “conciencia”. En segunda acepción, “Conocimiento inmediato que el sujeto tiene de sí mismo, de sus actos y reflexiones”. Y en tercera acepción: “Capacidad de los seres humanos de verse y reconocerse a sí mismos y de juzgar sobre esa visión y reconocimiento”.

Dado que la segunda acepción de consciencia (la tercera es exclusiva ya que sólo habla de humanos en oposición a sujetos), está íntimamente vinculada a las definiciones de ego, si comparamos las unas con las otras, no sólo podemos, sino que debemos afirmar y aceptar su vinculación unívoca y su realidad. Ya que son lo mismo. Por mucho que uno se emperre en que no y quiera verlo como, en el caso de la Hidra de Lerna, un monstruo de múltiples cabezas.

Definición psicológica de ego: “Unidad dinámica que constituye el individuo consciente de su propia identidad y de su relación con el medio”.

Definición de ego, referido a la psicología y dentro de la connotación que tiene como “yo”, según la R.A.E.:“Parte consciente del individuo, mediante la cual cada persona se hace cargo de su propia identidad y de sus relaciones con el medio.”

Definición, segunda acepción, de consciencia según la R.A.E.: Conocimiento inmediato que el sujeto tiene de sí mismo, de sus actos y reflexiones”.

Si la R.A.E. (compendio y resumen de palabras en uso de la lengua que usted habla) le pudiera parecer poca fuente, decir que consciencia es como se define el conocimiento que un ser tiene de sí mismo y de su entorno (ego). Que desde una perspectiva psicológica – o más bien psiquiátrica -  no es otra cosa que el estado cognitivo que permite la interacción, interpretación y asociación con los estímulos externos denominados realidad (ego). Y que aplicada a la ética – filosofía – es la capacidad de juicio para discernir el bien y el mal en nuestras acciones (reego).

Mucho se ha dicho y se a hablado sobre el ego, como han podido comprobar. Sobre todo desde una perspectiva ignorante, dogmática y ciega (véase Dógmata),  que promulga la desaparición/destrucción del ego. Visión esta que es reduccionista y tan infantil como simplista. Tal afirmación, la de la desaparició o destrucción del ego no persigue sino el objetivo de que el individuo pierda, como ya sabemos que es, la conciencia de sí mismo, de sus actos en la interacción con el medio y de las reflexiones extra­ídas, mediante la experiencia derivada, de tales interacciones. Convirtiéndose el sujeto que así lo hiciere en un ente anodino y pusilánime. En un hueco cascarón con la misma capacidad de acción que la que tiene un comatoso con respiración asistida. Y peor que lo peor, por propia iniciativa.

Se lo repito: “La afirmación – o valor, que tanto da – de que el ego debe ser destruido no persigue sino que el individuo pierda, la consciencia de sí mismo, de sus actos en la interacción con el medio y de las reflexiones extraídas, mediante la experiencia derivada, de tales interacciones.”

El propósito convencional es que el ego se ha de destruir en favor del despertar de la consciencia. Pero, si ego es:“ La parte consciente del individuo, mediante la cual cada persona se hace cargo de su propia identidad y de sus relaciones con el medio.” Y consciencia significa: “Conocimiento inmediato que el sujeto tiene de sí mismo, de sus actos y reflexiones”. ¿Qué consciencia puede despertarse suprimiendo de la ecuación al ego? Una nueva. Lo que se conoce como consciencia errónea y que, en el mejor de los casos, imposibilita a la hora de discernir el bien del mal, siendo el peor de ellos el confundirlos y tomar por bueno lo que es malo y viceversa.

Hay quien aduce, ya que consciencia es una sinonimia de conciencia, la primera de las acepciones de la palabra tal (cosa muy traída por los pelos, añado). Esa que dice: “Propiedad del espíritu humano de reconocerse en sus atributos esenciales y en todas las modificaciones que en sí mismo experimenta”. Haciendo hicapie en el “espíritu”. Que aunque es lo mismo que decir ego, da pie a la exposición de las más delirantes aberraciones mentales que un dogma puede tener: El sometimiento y delegación de poderes y facultades a poderes preternaturales producto de los designios y voluntades (ego) de uno o varios seres – que bien pudieran existir – o sus representantes en la tierra que se hoya.  Y no porque no hayan leído a Hegel, que nos dice que ego es Geist (y Geist es espíritu). Sino porque, tendenciosos y pendencieros como son, obvian deliberadamente la cuatro acepciones siguientes a esta primera, por éstas reforzarla. Tales acepciones son: “Conocimiento interior del bien y del mal (ego). Conocimiento reflexivo de las cosas (ego). Actividad mental a la que solo puede tener acceso el propio sujeto (ego). Acto psíquico por el que un sujeto se percibe a sí mismo en el mundo (reego).”

Destruir el ego en favor de la conciencia no sólo es imposible, como ya se ha visto, sino que además conlleva a la perdida de lo anteriormente dicho.

Como de costumbre, es más fácil quitar que adquirir, culpar que reconocer e ignorar que aprender.

Un discurso típico es que: Los masones tienen la culpa de todo, pero los masones se la hechan a los jesuitas de la iglesia católica, cosa que alienta el opus dei que además arremete con los satanista y estos, en sus diferentes facciones – que por si no lo ha intuido ya se lo digo yo – dogmáticas todas ellas, cada cual lleva la culpa de los egos trastornados que por ellas camparon.

Generalmente, al ego se le achacan toda una pléyade de “defectos” que lo convierten en una especie de monstruo, o por lo menos así se interpreta.

Dicho esto habría que hablar de los trastornos que en base al ego se dan. Principalmente son dos, aunque expondré otros dos – para no alargar mucho – a fin de ver y comprender que no es cosa de extremos.

1.- Psicopatía, de la que ya hablé en su día y de la que podría decirse que el ego está trastornado en tanto en cuanto no tiene capacidad de reconocer como tales a los egos con los que interactua, cosificándolos. Es decir un ego mal formado que no tiene capacidad de empatizar.

2.- Neuroticismo. De la que también hablé. Podría definirse como un ego trastornado en el sentido en que tiene mermadas sus capacidades para interactuar con el entorno. De ahí que delegue poderes y facultades y se aferre a los dogmas como verdades absolutas – pese a que no han sido demostrados y que generalmente son emitidos por trastornados conductuales tales como los psicópatas. (Referencia a psicopatía y neuroticismo en Dógmata). Semiempáticos per se comprenderan y acojeran con una mano a quienes con ellos sigan la doctrina – connotación más común de la acepción “creyente” – mientras que con la otra no dejarán piedra sobre piedra, ni anciano, ni mujer, ni niño, ni planta ni animal.

De estos dos casos surge una relación de complementariedad en la se crea un equilibrio (aunque sea demencial), que se retroalimenta y perpetúa. Véase patocracia.

Para que se vea que no es una cuestión dual – esa dualidad que es falsa por definición y que se debe de trascender. En palabras de Lao Tse (Tao Te King): “El Bien es una cadena de oro, el mal es una cadena de hierro. Libérate de las cadenas” – sino de grados.

1.- Síndrome de Amaro. Del que puede decirse que es un ego trastornado que dado que es anodino, contrapesa tal situación con la miseria y desgracias ajenas. De ahí, por ejemplo, el auge de la televisión basura. Que no hubiera sido posible sin estos egos que se complacen de ver otros egos más ruines, o trastornados que ellos mismos.

2.- Sindrome de Fresnel. Que yo denomino así, por asemejarse a una lente mal aspectada que deforma la realidad, del que puede decirse que es un ego con una merma en su capacidad de discernir. Ejemplo de ello sería aquella persona que ve aun sabio que, por ejemplo, deja de comer por convicción (con todo lo que ello conlleva, véase el artículo Credendo Vivis, para saber que es una convicción), queriendo alcanzar ese individuo la sabiduría de aquel otro, en lugar de estudiar, deja de comer.Y así de falaz en todo.

Hay que decir que a día de hoy exiten trastornos – como la psicopatía – que no tienen ni cura ni tratamiento. Por lo que el conocer que son las cosas, hace de la prevención una medida de eficacia inigualable.

También es curioso de ver, como en este intrincado asunto de la destrucción del ego y de los despertares de la conciencia, como se suele aludir a cuestiones tales como las enseñanzas de unos maestros de la humanidad, que muy buenos no tuvieron que ser cuando estamos como estamos. No se me mal interprete. Pienso que cada cosa posee principios útiles que pueden ser extraídos. Pero también pienso que los compendios de sabiduría magistral de los grandes iluminados están altamente manipulados y sus historias adecuadas a perpetuar el dogma que unos dictan y otros obedecen desde tiempos inmemoriales. Por ejemplo, el catolicismo y la biblia.

El catolicismo es una religión fundada para perpetuar la posición de poder de los mandatarios de un imperio que estaba desmoronándose a base de bien. Esta religión se fundamente en la biblia en la que hábilmente se sustituyó “dioses” – elohim – por Dios. Ya que de reconocerse tal cosa según la linea dogmatíca de la misma se vendría abajo y de hecho lo está haciendo, a persar que todavía hay terceros mundos a los que llevar el futbol y la Buena Nueva. Buena Nueva, Evangelios. Evangelios que si ustedes leen con objetividad les presenta a una figura que no sólo cuestiona el poder y las tontunas de los fariseos sino del Dios de estos: “Vosotros de vuestro padre el diablo sois, y los deseos de vuestro padre queréis cumplir. El, homicida ha sido desde el principio, y no permaneció en la verdad, porque no hay verdad en él. Cuando habla mentira, de suyo habla; porque es mentiroso, y padre de mentira . “ (Juan 8:44, Sagradas Escrituras de 1569). A este señor, el ego, le llevó a la cruz. Un hombre que hizo lo que nadie más. Tener consciencia de sí y de su entorno, interactuar con éste y los egos que en el había y reflesionar sobre ellas para, nuevamente actuar con el entorno y cuantos otros egos había. Eso lo pagó con la cruz.

Ya no era una oveja más sujeta al dogma que se dictaba, cuestionaba leyes (no respetaba el sábado, evitó el apedreamiento de la adultera), blasfemaba contra Dios, hacía uso de la violencia en su medida y momento – por ejemplo cuando expulsó a los mercaderes del templo – y tantas otras cosas que no es necesario mencionar. Y pese a no ser yo cristiano, ni cosa parecida – ni ganas que tengo – me parece que es de reseñar.

De tener en cuenta son otras “licencias” bíblicas como sustituir “hijos de los dioses” – bnei elohim- por “aggelos”, mensajero. Lo cual nos lleva otra cuestión. Pues no es la Biblia el tema que me ocupa.

Como decía, otros sabios, quizás por aquello del misticismo (véase Mística), son orientales – esto va con sorna, desde palestina para allá vienen todos – y de ellos se habla que eran enemigos del ego. Si, por ejemplo cojemos el Dhammapada y leemos el original sáncrito veremos que aquello de vencer el ego no existe se habla de otras cuestiones sino que se habla de evitar “Mara”, tentación (que algunos confunden con “Maya”, ilusión). Tentación esta que en los términos expuestos referidos al ego, la psiquiatría, psicología, filosofía, etc. no sería sino evitar esos trastornos, haciendo uso de la consciencia (ego) por ser esta el conocimiento inmediato que el sujeto tiene de sí mismo, de sus actos y reflexiones. El budismo, por ejemplo, predica la compasión que no es otra cosa que, literalmente, significa “sufrir juntos”. Definido por la R.A.E. como: “Sentimiento de conmiseración y lástima que se tiene hacia quienes sufren penalidades o desgracias.” Cosa esta que ego por medio, traspone la expericia propia a la de otro ego, que por comparativa se comprende. A menos claro está, que como ya dije, uno sea un trastornado y carezca de esta capacidad o la tenga mermada.

Y aquí dejo el asunto que, aunque no es todo, ya he dicho bastante.

Ahora sabe que le han mentido y usted se lo ha creído.

Ahora sabe parte del engaño.

Ahora sabe que usted tiene algún grado de responsabilidad en él.