Descartes (JPN)

 

  

No sé muy bien si el título me ha salido como un albur por el asunto Zener o porque realmente voy a hablar de una cuestión que sirve para descartar ciertos aspectos en cuanto a un asunto que es tan tenebroso como poco entendido. El tema que me propongo tratar es el de los visitantes de dormitorio. O por lo menos un par de cosas que deben conocerse antes de emitir juicios tan ligeros como vanos.

Los visitantes de dormitorio están documentados desde los tiempos de Maricastaña (por lo que no se los expondré al dedillo). Podemos encontrar relatos sobre íncubos, súcubos y toda una serie de seres que de alguna manera explican tan aterradora experiencia.

Aterradora, digo, por ser violado el espacio donde descansamos, ese que consideramos seguro y en el que creemos estar a salvo.

Mucha literatura “barata” hay al respecto, y explicaciones tan rocambolescas como delirantes, pues a menudo se confunden las cosas que son, con las que se cree que son. Santurrones, tahures, pseudodotados y toda una amalgama de gente tan vil como ignorante ofrece una respuesta – que no se ampara sino en la relatividad de cuanto se diga, y sobre todo en sus propios intereses – que para nada es satisfactoria.

No pretendo dar una explicación cerrada y contundente con respecto del tema, puesto que no la hay. Pero sí que voy a explicar una cuestión por la que todos hemos pasado, pasamos y pasaremos. Y que bien puede explicar la mayoría de los casos.

Los “otros” – aquellos casos que carecen de una explicación racional y empírica – son los que me interesan, aunque no los explicaré tampoco. Me interesan porque se manifiestan después de haber descartado toda lógica y razón que pudiera explicarlos. Constituyéndose, de esta manera, uno de tantos enigmas como hay.

Es necesario conocer – antes de hablar de demonios, extraterrestres y cosas similares – dos conceptos básicos antes de tratar el asunto de los visitantes de dormitorio.

El primero es la alucinación hipnogógica. Término acuñado por Alfred Maury que puede definirse como: “una alucinación auditiva (acúfeno), visual o táctil (sí, ha leído bien), que se produce poco antes del inicio del sueño”.

Es importante reseñar la importancia y descarte de la alucinación hipnogógica a fin de no confundir los acúfenos con las parafonías, las alucinaciones visuales con hechos que realmente estén sucediendo y las alucinaciones táctiles con estímulos percibidos que realmente se estén produciendo.

Por otro lado, hay que hablar de la segunda cuestión que se ha de descartar, para poder hablar de un hecho paranormal en cuanto a las experiencias de visitantes de dormitorio. Esta es  la alucinación hipnopómpica.

Tales alucinaciones son visuales, auditivas o táctiles que aparecen cuando se está despertando – en oposición a cuando se va a dormir – cuyo vinculo con la realidad  no esta bien definido, pero que son vividas como tales, de manera que el sujeto es incapaz de distinguirlas de una experiencia normal.

Dicho esto, hablarles brevemente sobre la parálisis del sueño, pues muchos casos de estas supuestas visitas de dormitorio, no son sino esto mismo.

Durante el sueño el cerebro envía señales a la médula espinal, que paraliza las extremidades. En el estado que existe entre la vigilia y el sueño – y viceversa – (eso que mal llamamos “duerme-vela”), es común pensar que uno está despierto, hasta tal punto que se tiene seguridad de tener los ojos abiertos y de ver y escuchar cosas alrededor, de hecho es así, con la diferencia de que no nos podemos mover. Para rizar más el rizo, la parálisis del sueño suele ir acompañada (aunque no siempre) de estas alucinaciones que les he comentado, pudiéndose ver seres a los pies de la cama o sobre nosotros, que parecen impedir que nos movamos, variemos  la respiración de una forma voluntaria o una serie de cosas que son referidas en tales circunstancias. Pero en realidad no hay nada.  Salvo una pequeña descompensación entre el cerebro y el cuerpo. Si lo prefiere, el cuerpo se ha despertado antes que el cerebro, y no en plenas facultades. En ocasiones se han dado casos de autolesiones de caracter leve : moratones y arañazos. De las que el individuo no ha sido consciente.

El cuadro revierte a la normalidad en cosa de minutos, angustiosos – yo mismo padezco de cuando en cuando esto que les cuento -  no requiriendo intervención alguna ni teniendo mayor significación patológica. Es por ello que si esto les sucede se serenen y guarden calma. Pues el efecto remite.

Los riesgos de la parálisis del sueño, al contrario de lo que pueda parecer no se encuentran en las personas que los padecen ni en los seres que pudieran llegar a ver, sino en las personas a los que se les cuenta y en su ignorancia.

Ya les digo que la parálisis del sueño no tiene cura conocida – hay experimentos en los que la frecuencia desciende, pero no es erradicada – por lo que no es necesario acudir a milagreros o cartomantes que les aseguren que les librarán de ello, pues no pueden. Y mucho menos acudir a esos “sacerdotes” y “predicadores” que todo lo achacan al diablo, pues al tiempo que se les va el dinero (requisito imprescindible para la cura), puede írseles la vida.

Y no me refiero a que les maten, que bien puede darse (exorcismos con trágico final, por tonterías de éstas, los hay a patadas), sino que he visto con los ojos de mi cara como se han captado a personas en sectas por este motivo.

Ahora conocen que pueden darse la parálisis del sueño, las alucinaciones hipnogógicas y las alucinaciones hipnopómpicas.

Cosas necesarias de conocer y descartar para poder hablar de paranormalidad. Sobre todo por no evidenciar su propia estupidez al respecto.

Y fíjense como no será, que investigando los visitantes de dormitorio, se ha reparado en una cuestión – antes demoniaca y que podía costarnos la tortura y ejecución – que no hace sino abrir otras incógnitas, todavía más interesantes.