BAPHOMET

Posted on 30 agosto, 2011 by JPN.
Categories: Colaboraciones, curiosidades, Liberación, Oculto.

  

 

Muchos ríos de tinta han corrido con respecto de la figura o el concepto del baphomet (y note la minúscula). Es por ello que la tal figura se ha convertido en uno de los enigmas más recurrentes dentro y fuera del ocultismo.

A casi cualquiera que halla dedicado un tiempo a ciertos temas les sonará tal objeto de devoción. Seguramente, ya hallan imaginado a aquella negra cabra de Mendes de los egipciacos ritos de Pab-ineb-nat, que bajo el reinado de Ptolomeo se practicaban en tiempos pretéritos. Y quizás no les falte razón, pues el nombre de este chivo divino no era otro que el de Baphe Meti.

De momento dejaré el asunto de Baphe Meti, para contarles una cosa que quizás no sepan acerca del baphomet.

Durante el proceso que se llevó a cabo contra los templarios, hubo – y fijense bien en lo que digo – “trece” acusaciones en contra de éstos de las cuales, una de ellas, era que en cada provincia de domino templario había ídolos diabólicos a los que la orden rendía culto. Entre ellos una especie de cabeza trifaz que según Felipe IV, el Hermoso (que en nuestros días sería llamado cosa peor), los templarios usaban para adorar al diablo.

A este punto, y según el Auto a la Orden del Temple, así como del Pergamino de Chinon (de 1308), que exculpa y absuelve a Jacques de Molay y el resto de los caballeros templarios por parte del papa Clemente V, tal artefacto (la cabeza trifaz) en absoluto sería un objeto maléfico ni satánico.

Dicho esto, el baphomet, como símbolo y como objeto, fue algo que heredaron y custodiaron. Muy probablemente a raíz de los contactos con la secta de los hassasin.

Entonces, ¿qué era el baphomet y por qué sus connotaciones diabólicas? Según las investigaciones realizadas al respecto (y tras invertir una pequeña fortuna en ello) fue en Toledo, en la Plaza de la Cabeza – topónimo que por lo general denota la presencia de templarios: Calle, plaza, travesía de la Cabeza – donde me fue dicho que uno de estos baphometes (les recuerdo que en castellano el plural se hace agregando -es) fue hallado.

Tal como rezaban las leyendas, la cabeza trifaz era un constructo, una modalidad de autómata conocida como “cabeza parlante” muchas de las cuales fueron destruidas (o escondidas a buen recaudo) en el momento que se produjeron las primeras detenciones templarias en 1307.

Al parecer, era un busto de anciano pintado totalmente de negro – y alguna vez provisto de cuernos: sabiduría – era empleado como una suerte de oráculo por los templarios. Tal artificio, poseía (y siempre según la leyenda), la capacidad de responder a las preguntas que se hicieran sobre el pasado, el presente y el futuro.

De ahí cada una de sus tres caras.

Pese a que las respuestas eran bastante parcas: o No, esto fue interpretado como uno de esos actos “magicos” (aunque poco tuvieran que ver con la magia, si me entienden), que la biblia prohibía taxativamente. Esto y un decreto de 1163, promulgado por el papa Alejandro III que prohibía a los monjes trabajar en el campo de las ciencias físicas y naturales y otro del papa Honorio III, en el que el estudio de la Física, de la Medicina y de las Ciencias de la Naturaleza queda prohibido bajo pena de excomunión, contribuyeron al diabolismo del artefacto.

En mi opinión no debieron de existir muchas de estas cabezas, pero sí las suficientes para la forja de la leyenda. De hecho el ocultista Gerberto d’Aurillac, un hombre de extraordinaria cultura religiosa, pero también filosófica y científica (más conocido como Silvestre II, el Papa Mago, ahora San Silvestre), construyó en torno del año mil un autómata de cuerpo entero, aunque se piensa que sólo una cabeza, de similares características al que los por allí danzantes denominaron como Golem.

Roger Bacon, Grosseteste (obispo), san Alberto Magno, Archer ben Ye’hiel (rabí), el arquitecto e ingeniero francés Villard d’Honnecourt o el siempre olvidado Juanelo Turriano – que construyera al lengendario “hombre de palo”- engrosan la lista de los poseedores de artificios similares a los que preguntando respondían con un o con un No (sistema binario, presencia – ausencia).

La tradición nos dice que estos autómatas no son un invento templario sino que fueron construidos por los ocultistas del medievo, precursores de la ciencia moderna, o incluso antes. Y para muestra decir que los templarios, en sus “estatutos”, incluyeron una alusión a la “Iglesia del verdadero Cristo en tiempos del papa Silvestre” hecho este que ratifica la adquisición y heredad del conocimiento necesario para crear este tipo de androides.

Los templarios debieron poseer un artilugio tecnológico en forma de cabeza humana – representando el rostro de algún santo de su devoción, como San Juan Bautista (“caput mortuum”, casilla 58 del juego de Oca), que contestaba a preguntas simples gracias a un código binario, adelantándose así a las primeras máquinas aritméticas de Pascal y Leibniz del siglo XVII.

Por otro lado, el hecho de que el vocablo ba-pho-met guarde cierta relación con mo-ha-med (Mahoma), justificaría el que apareciese como un rostro barbado – con turbante, como hemos visto – y pintado de negro (que era como se representaban la “cabezas de moro” de la heráldica europea). Cosa que afianzaría un legado musulmán por parte de los hassasin.

 

Aunque se han hallado representaciones pétreas en las fachadas de algunas iglesias, y hasta cuadros he podido ver, se supone que ninguna de las tales cabezas ha sobrevivido hasta nuestros tiempos. ¿O quizás sí?

 

 

Lámina sobre pintura del Baphomet

Otro día, quizás, les hable de la otra cara del baphomet, la que todos tenemos en mente, la de la ilustración del esoterista Eliphas Levi, de sus orígenes y de sus más que siniestras connotaciones.