Bonus et Malus

Posted on 7 agosto, 2011 by JPN.
Categories: Colaboraciones, Enigmas, Liberación, Varios.

   

En el artículo de hoy me propongo presentarles otra disertación, esta vez sobre el bien y el mal. Eso sí, más cortita que la anterior. Aunque este es un tema tan peliagudo que requerirá, igualmente, de su paciencia y análisis.

¿Qué es el bien? ¿Existe el bien o, por contra, variedad de bienes?¿Puede definirse el bien?

Yo no sé si se puede definir el bien en sí, su concepto o su abstracción, pero lo que sí sé es que se ha intentado.

La acepción más ligera sobre el bien es que tal, “es el valor otorgado a la acción de un individuo así como la inclinación natural a fomentar lo deseable, motivado por una comprensión del entorno, de las personas y de uno mismo. Siendo el bien el conjunto de buenas acciones (acciones bien ejecutadas) que propugnan lo bueno para el propio individuo.”

¡Para el propio individuo!

Esta definición que parece tan comprensible a simple vista no lo es tanto, ya que habría que ver que significa bueno – principio que propugna el bien – para ver de qué se está hablando realmente.

De las posibles acepciones, las que más se ajustan al contexto (las otras son sobre alimentos y tratamientos irónicos), son las siguientes:

1.- Útil para un propósito específico. Por ejemplo, si yo deseo instaurar un reinado de terror y para ello he de masacrar un tercio de la población mundial, esto sería bueno. Bueno para mí que soy el individuo, claro. Esto que tan mal suena no discrepa con lo anteriormente enunciado. De hecho el exterminio de un tercio de la población mundial, dentro del hipotético planteado, sería una acción bien ejecutada que me llevaría a la consecución del fin que hipotéticamente persigo.

2.- Placentero, disfrutable. Por lo que si yo fuese un “mataviejas” o un violador de niños mis tropelías serían buenas al producirme placer o una serie de sensaciones disfrutables.

3.- Lo que es verdadero en oposición a lo que es falso. Por ejemplo, la episteme y la doxa,  el conocimiento en oposición a las habladurías, la superstición y lo que todo el mundo cree saber.

Autores, a patadas, han intentado definir el bien y lo bueno.

Percibimos lo bueno, en síntesis – una vez que adoptamos un objetivo a lograr – como todo aquello que favorece su logro, mientras que lo “malo” es todo lo que lo impide.

De forma y manera – y a modo de ejemplo – resulta que para yo poder vivir decido apropiarme de lo ajeno. Esto es bueno porque facilita la consecución de mi logro que es vivir. Un día me pillan con las manos en la masa y me detienen. Eso es malo porque trunca mis expectativas.

Siguiendo con el tema del bien y lo bueno, y dado que el hombre busca la felicidad, el “bien” podría definirse como aquello que le permite llegar a ésta, mientras que el “mal” es lo que impide su logro.

Un heroinómano, por ejemplo opina que la heroína es buena porque le otorga felicidad, siendo que el resto de la sociedad es mala por que intenta arrebatársela (la felicidad, no la heroína). Cosa que entroncaría con la sentencia que haría sobre el bien, John Locke: “Aquello que tiene la capacidad de producirnos placer es lo que llamamos un bien, y lo que tiene capacidad de producirnos dolor llamamos un mal”.

Para acabar de enredar el asunto, o quizás esclarecerlo del todo, Baruch de Espinoza afirmaría que el bien, a través de lo bueno, en un concepto subjetivo: “No creemos que es bueno, sino que juzgamos que es bueno porque nos movemos hacia ello, lo queremos, apetecemos y deseamos”.

Es decir, no nos encaminamos hacia lo bueno porque esta sea su cualidad, sino porque nos dirigimos hacia algo, opinamos que es bueno.

A resultas de esto, el mal parece un diabolismo de lo que es considerado bien. Por ejemplo: Una facción que persigue una meta, considerando malvado a todo aquel que impidiera tal consecución, se tendría así misma por buena o del lado del bien. De ahí los crímenes de la política o de las religiones.

Desde mi punto de vista, considero que tales pensamientos (los de los ejemplos dados), no son sino el producto de una mente retorcida que por alguna de las posibles causas percibe la realidad de una forma más distorsionada de lo habitual. Reconozco que los ejemplos parecen invertidos, raros e incluso cosa peor. Pero la verdad es que existen un montón de personas que piensan de estas maneras.

Considero además (intentando definirlo), que el bien sería cuanto es lícito y honesto. Siendo que lícito es lo justo conforme a la razón (discurrir del entendimiento); y honesto, razonable. Mientras que el mal sería lo que fuera en contra de ello. Así eliminaríamos de un plumazo cosas como un bien “mayor”, el bien “común”, y tantas otras como hay en referencia al mismo. Todo quedaría englobado dentro del mismo concepto y evitaría maniqueísmo baratos en base a los dogmas, las ideologías y las creencias.

Claro está que nunca llueve a gusto de todos y por lo general, tan necios como somos, intentamos eludir la justicia – y no sólo la de los hombres – o más concretamente la consecuencia de nuestros actos. Ejemplo de esto sería el robo frente a la petición, habiendo una más que probable represalia en el primer caso del supuesto frente a ninguna en el segundo.

Entender el bien, lo bueno, el mal y lo malo, nos dará una perspectiva mayor que los simplismos referidos a nuestro interés.

De ahí su importancia.