Ah-ni-yv-wi-ya

Posted on 4 agosto, 2011 by JPN.
Categories: Colaboraciones, curiosidades, Liberación, Varios.

   

 

Tras un lapso prudencial en el que dejar de lado las sesudas deducciones que entrañan ontología y epistemología y las disertaciones sobre la verdad. Es tiempo ahora de retrotraerse en el tiempo, de volver a escuchar – en este caso leer – los antiguos mitos que narraban historias de cuando el Hombre era joven, y dejarse transportar al ignoto pasado que quizás nos dé una clave para la interpretación de nuestro futuro.

Hoy quiero presentarles uno de los mitos – de tantos que he estudiado y que tantas horas me han llevado – que considero de mis favoritos.

 

Este es el mito de la creación de una de las tribus de indios Norteamericanos más conocida de todos los tiempos. Por supuesto les hablo de la Nación Cherokee.

 

Ruego disculpen la aparente inconexión entre párrafos, pues los mitos están muy fragmentados y aún hoy no se han conseguido armar en un todo homogéneo. Sobre todo porque son mitos compartidos e influenciados por otras tribus tales como los Creek o los Yuchi.

 

Al principio de los tiempos, los Ah-ni-yv-wi-ya (cherokee), llegaron al Mundo Medio desde otro mundo situado encima de éste. Los cherokee, se encontraban en Galunlati, el cielo, y veía la Tierra – el Mundo Medio – a través de un agujero.

 

En aquel tiempo, la Tierra no era más que una masa de tierra deforme. La tierra, según los cherokee, era una gran isla flotando en un mar de agua sujeta a la bóveda del cielo – de roca sólida – por cuatro cuerdas en cada uno de los cuatro puntos cardinales.

El mundo envejecerá, las cuerdas se romperán y la tierra se hundirá en las aguas, y nuevamente todo será agua. Los cherokee vivían con ese temor.

Cuando todo era agua, los animales fueron más allá de la bóveda celeste a Galunlati, la montaña sagrada, que conducía al cielo (un lugar fuera de la tierra), para pedir ayuda a los cherokee.

El lugar estaba muy concurrido y se necesitaba más espacio. Se preguntaron que había más abajo del agua, y entonces el “nieto del castor”, el escarabajo de agua se ofreció bajar a investigar.

Buscó por todas partes sobre la superficie del agua, pero no pudo encontrar un lugar donde descansar. Entonces buceo por el fondo y trajo un poco de barro suave, que comenzó a crecer y expandirse por todos lados hasta convertirse en la isla llamada Tierra. Luego se ató al cielo con cuatro cuerdas en cada uno de los puntos cardinales, aunque nadie sabe explicar cómo.

La tierra era plana, muy suave y húmeda.

Los animales estaban ansiosos por bajar, entonces enviaron a diferentes aves para ver si estaba seco, al no encontrar ningún lugar apropiado para reposar regresaron a Galunlati.

Entonces enviaron al Gran Buitre, que voló muy cerca de la tierra que seguía siendo blanda y húmeda, de tal modo y manera que cuando se deslizaba sobre los territorios sobre los que se constituiría la Nación Cherokee ya cansado, sus alas chocaban contra el barro produciendo valles y montañas. Los animales que miraban por encima del arco iris dijeron “Si él sigue, solo habrá montañas”, y le hicieron regresar. Es por eso que hay tantas montañas en la tierra Cherokee.

Cuando la tierra estuvo seca, los animales bajaron. No podían ver porque no había sol ni luna. Entonces alguien dijo: “Vamos a traer el Sol desde allí, detrás del arco iris”. Entonces le dijeron: “Aquí hay un nuevo camino para ti” y le mostraron el camino a seguir … de este a oeste.

Ahora tenían luz, pero el Sol estaba demasiado cerca. El cangrejo salió de un arroyo y el Sol lo quemó, dejándolo rojo, y echando a perder su carne para siempre.

Todos se preguntaban cómo llevar al Sol más alto. El Sol fue primeramente empujado hasta la altura de un hombre, pero aún despedía mucho calor. Entonces lo empujaron varias veces más hasta que estuvo a una altura donde el calor que emanaba era el adecuado para el desarrollo de los animales.

Sin embargo, las noches eran frías y la Luna no daba calor ni luz.  Los animales pidieron ayuda a sus parientes del Mundo Superior y el fuego llegó como un gran rayo centelleante.  Los animales le vieron golpear a un sicomoro hueco que había en tierra y lanzarlo muy lejos al agua. ¿Quién iría a coger el fuego?  Los animales conferenciaron y Cuervo se ofreció.  El humo y el calor ennegrecieron sus plumas, pero volvió sin el fuego; lo mismo les pasó a la Lechuza, al Buho Ululante, al Caballo Negro Pura Sangre y a la Culebra Negra.  Cada uno recibió la marca del fuego, pero no consiguieron agarrar un ascua ardiente.  Entonces la pequeña Araña de Agua se ofreció a ir y tuvo éxito donde los demás habían fallado debido a que tejió una cazoleta y se la puso en la espalda para transportar el fuego.

Antes de hacer los seres humanos, Alguien Poderoso había creado las plantas y los animales y había dicho que deberían mantenerse atentos y despiertos durante siete días y siete.

La mayoría de las plantas y animales no lo consiguió, quedándose dormidos al primer o segundo día.

De entre los árboles, sólo el cedro, el pino, el  acebo y el laurel se mantuvieron despiertos, entonces el “poderoso” les dijo que como habían cumplido se mantendrían verdes todo el tiempo.

Cuando los cherokee llegaron por primera vez a la tierra, fueron recibidos por los animales y por las plantas. Pero a medida que los Ah-ni-yv-wi-ya se expandieron por el Mundo Medio, pensaron que todo era suyo, que les pertenecía, y se tuvieron por superiores sobre los animales y las plantas. “Se nos entregaron oraciones para cazar y pedir permiso a la hora de matar a los animales, pero las olvidamos”.

Los animales abandonaron a los cherokee y tras un tiempo celebraron consejo. Cada uno de los animales de cuantos había se presentaron ante Lobo y ante Oso, que ejercían como jefes y hablaron con ellos y los unos con los otros. Concluyeron entonces que los animales, como parte del mundo, volverían a los Ah-ni-yv-wi-ya, pero cada uno de ellos portaría una enfermedad que contagiarían a los cherokee.

Las plantas, por su parte, tenían a los Ah-ni-yv-wi-ya como amigos, pues ahora los animales no se las comían. Cuando supieron de las enfermedades que estos portaban, se ofrecieron como remedios contra tales enfermedades. Pero andando el tiempo, los cherokee, volvieron a masacrar a los animales teniéndolos como suyos y con derecho sobre sus vidas. El castigo fue la viruela ya que las plantas cherokee no conocían esta enfermedad y no pudieron hacer nada.

Existe otro mundo aparte del Mundo Superior y del Mundo Medio. El Mundo de Abajo, pues en la antigüedad más remota, antes de que existiera el hombre, solo eran en el universo dos mundos: El Superior y el Inferior. El Mundo Medio no había sido edificado. Se puede llegar al Mundo de Inferior al bajar por un manantial, aunque se necesita la guía de gente de este mundo subterráneo para llegar a él. Este mundo es igual al superior, excepto que cuando allí es invierno, arriba es verano, se puede comprobar fácilmente: El agua del manantial es más caliente que el aire en el invierno, y más fría en verano. Alguien Poderoso (Gran Espíritu) creó los cuerpos del hombre y de la mujer del barro del Mundo Inferior y los insufló de una chispa divina es por eso que los Humanos son mitad luz y mitad oscuridad.

Una vez dicho esto también me gustaría hablar de unos “malos espíritus” del folklor cherokee.

El primero es Kalona. El peor de todos los malos espíritus, temido por todos. Acelera el proceso de muerte de una persona con el tormento y la tortura, cuando ella ocurre come el corazón del muerto para reforzar su propia fuerza vital, añadiendo a sus vidas la que han quitado a la víctima.

El aspecto de los Kalonas que pueden ser de uno u otro sexo, si está en la casa del enfermo aparecen viejos y frágiles pues han añadido muchas vidas a la suya, en otros contextos se parecen a los cuervos.

Ellos pueden oler la muerte y entrar en los hogares, durante la noche cuando alguien está enfermo o agonizante, Kalona va allí a tomar la vida. Vuela por el aire con los brazos abiertos como alas, un ruido de viento se desprende a su alrededor mientras va dejando chispas en su recorrido; de vez en cuando baja en picada emitiendo un sonido similar al grito del cuervo. Todos tienen miedo de escucharlo, pues significa que la vida de alguien pronto llegará a su fin.

Cuando el “Cuervo Imitador” produce la muerte de la persona de la casa, a menudo se encuentra allí con otros espíritus malignos de su clase. A menos que haya un chamán en el lugar que sabe cómo hacer para que se retiren, todos entran para asustar y atormentar a la persona enferma hasta matarlo.

Después de tomar la vida, le quitan el corazón y lo comen, añadiendo a sus propias vidas los días o años le han sacado a su víctima.

Cuando según el saber tradicional de los Cherokee indica que no hay mas esperanza en la vida del enfermo, lo que hay que hacer es tener de guardia a un chamán hasta que sea enterrado, pues los “Ángeles de la muerte” no roban el corazón después del entierro.

Otros espíritus malignos suelen ser celosos de los Kalona, y tienen miedo de entrar en los lugares donde ellos están. Cuando muere alguno, entonces sí, excavan su cuerpo y abusan de él.

Kalona

El segundo espíritu es el Nunyunuwi es descrito como un ser monstruoso con la piel tan dura como la piedra. Ningún arma podía lastimarlo. De color gris como la roca.

Llevaba un bastón mágico con el que señalaba a las víctimas. Era un poderoso hechicero que devoraba a los seres humanos.

Según el mito, Nun’Yunu’Wi había escogido con su bastón una aldea. El pueblo había sido advertido por un cazador que lo había visto en la montaña. El chamán instruyó a su gente que si bien no podían matarlo con las armas, encontraría una manera de acbar con él (algunos lo relacionan con una ceremonia en torno la sangre menstrual).

Parece ser que el chamán dio con la fórmula y lo inmovilizó en el suelo, luego amontonaron grandes troncos en torno de él y le prendieron fuego.

Nun’Yunu’Wi conocía muchos secretos, cuando tuvo el fuego cerca comenzó a hablar y a revelar medicinas para todo tipo de enfermedades, cosas sobre las cosechas, los animales y alguna que otra sabiduría.

Finalmente el monstruo murió evento éste que generó muchas de las danzas y canciones tribales.

  

Nunyunuwi