Lenguaje y Comunicación

Posted on 22 junio, 2011 by JPN.
Categories: Colaboraciones, curiosidades, Liberación, manipulación, Varios.

En este nuevo artículo quisiera hablarles sobre el lenguaje, la comunicación y el uso que actualmente estamos haciendo de él y como en no pocas ocasiones ofrecemos una singular distorsión de la información en base a los eventos que observamos, en detrimento de su naturaleza.

La rigidez relativa del lenguaje, comparada con la naturaleza – a menudo más flexible y cambiante -  de un evento puede considerarse como una limitación a la hora de comunicarse.

Dejando de lado las creencias y especulaciones que el no entendimiento, la confusión o la cerrazón causan, cuando se inventan palabras para representar algo, suelen permanecer estáticas, en tanto que la naturaleza del evento se desarrolla cambiante.

El lenguaje puede reflejar la Verdad en una forma tan incompleta como inadecuada (caso éste al que me ciño), promoviendo la confusión.

La dificultad para expresar la cualidad especifica de algo nos indica que hemos de pensar en términos de probabilidad o de grado. Con frecuencia uno debería ser menos dogmático en las locuciones,  evaluaciones y juicios. Ser ecuánime con uno mismo y por ello con los demás.

Las limitaciones propias del idioma y la necesidad de abstracción pueden imposibilitar una comunicación  precisa.

Ejemplo de esto es cuando dos expertos debaten en veinte minutos acerca de los misterios de un campo y un tercero no entiende de que están hablando y se lanza a conjeturar sin referencia, ni medida, las más atrevidas teorías; amparándose en el hecho infausto de no poderse condensar todos los años de formación, investigación y criterio de tales expertos en una porción del tiempo empleado en tal debate.

Otro problema del lenguaje -  en cuanto a la comunicación se refiere –  es la repetida confusión de dos o más niveles de abstracción. Por ejemplo, el nivel del objeto, a menudo, tiende a ser confundido con el nivel de la palabra. Siendo el uso de la palabra “es”  un referente que explica gran parte de este problema. Y es que “ser”  y “estar” no son lo mismo.

Por ejemplo, uno podría decir: “Javier es un investigador”, olvidándose que el tal Javier también puede ser clasificado (calificado si lo prefiere) en muchas otras cosas o de muchas otras maneras –  una persona metódica, un buen bailarín, un herrero, un coleccionista, un estudioso, etcétera… En consecuencia, cuando se dice que algo o alguien es, están siendo sustraídas muchas otras cualidades y características. De ahí la importancia de conocer el contexto en el cual el lenguaje se está aplicando a fín de no confundirse las cualidades en una única abstracción.

Un ejemplo más claro puede ser, cuando decimos a alguien: “Eres un estúpido“, de forma y modo que se interpreta que esa persona es estúpida en todos los niveles de su vida, un “estúpido integral“, una persona falta de inteligencia que no sabe lo que debería y que no es capaz de discernir entre dos cosas dadas. Esta expresión no se interpreta como “una estupidez circunstancial” dentro del marco de la acción, sino como una sentencia absoluta y definitiva sobre la naturaleza de lo nombrado.

Si hay grados en nuestro idioma que impliquen este matiz, de común no los empleamos. Solemos juzgar las cosas en términos de blanco o negro, bueno y malo, sin matices, debido en gran parte al uso inadecuado del idioma. Siendo que éste está dado por nuestro propio desconocimiento y la manipulación aviesa de ciertas terminologías.

Asimismo  el mal uso del lenguaje es conducente a otra trampa, que es la parcialidad, cuando determina una selección de palabras que implica que los objetos, personas, o eventos, poseen las cualidades particulares que el hablante usa para catalogarlos. Por ejemplo,  alguien que es desagradable, algo que es divertido, o una cosa que es excitante para una persona puede ser exactamente lo opuesto para otra. Siendo, en consecuencia, que las cualidades vendrían determinadas como producto de las relaciones entre el observador y lo que es observado; no ciñéndose tal observador a las cualidades intrínsecas del fenómeno sino a lo que opina de él. Ejemplo de esto es que hay quien ve el agua verde, otros azul y otros de color “mariquita“, anteponiendo su percepción personal y condicionada sobre la Verdad – que es el agua – a las propiedades de esta.

El uso  de las formas y palabras del lenguaje que implican que existen cualidades en personas, objetos y acciones,  con relación al objeto de la observación; distorsionan en gran medida, no sólo la comunicación si no la información transmitida en la misma. Esto es porque cada observador – a tenor de lo expuesto, y dentro del contexto de la parcialidad – dará una visión errónea o incompleta del evento observado (y siempre desde su perspectiva, experiencia y medios) definiéndola como verdadera cuando en realidad no lo es. Ejemplo de esto es la siguiente sentencia: “Todo es relativo“. Esta frase que preconiza la relatividad del todo, en sí misma, es una sentencia absoluta y por tanto falaz, ya que incurre en contradicción.

El lenguaje es el reflejo del pensamiento y muestra no sólo lo que pensamos, sino la manera en que lo hacemos.