CREDENDO VIVIS

 

A grandes rasgos, una creencia puede definirse como “aquella idea que es considerada verdadera por quien la profesa”.

Por lo general, este es un concepto parcial, que está basado en la fe, que es creado por la mente, y que es idealizado en la interpretación de un contenido cognoscitivo o de un hecho que pudiera ser abstracto o concreto, de los cuales se desconoce demostración absoluta (en el mejor de los casos) o del que no se exige una justificación o fundamento racional que los explique (siendo este el peor de dos).

La creencia, generalmente se apoya en el Principio de la Incertidumbre Científica, siendo las creencias a una propuesta teórica que carece de suficiente comprobación pero que, con todo,  puede ser verdad debido a los indicios probabilísticos, paradojales y procesos lógicos correctos.

Desde un punto de vista filosófico, la justificación de una creencia como verdadera sería un conocimiento evidente. Pero, dado que la creencia no puede ser enunciada por el creyente sino como verdad habría que formularse la siguiente pregunta: ¿una creencia es verdadera porque es conocimiento evidente o, por el contrario, es evidente porque es conocimiento verdadero?

Esto debe de contestárselo usted mismo, sin incurrir en falacia (por supuesto).

Las creencias son el pilar fundamental que sostiene la tradición. Dentro de este contexto la creencia es una valoración subjetiva, arbitraria, parcial e interesada que uno hace de sí mismo, de los otros y del mundo que le envuelve en base a una serie de convicciones y prejuicios que actúan como sesgo cognitivo, y que son base de la educación que desde niños recibimos.

Prejuzgar es un mecanismo necesario y en sí mismo no es malo (llámelo preveer un resultado), el problema vendrá cuando estos prejuicios sean excluyentes y no persigan otro fin que diferenciarnos del resto de una manera en la que – y para que se entienda – “todos sean (algo malo) menos yo”.

La creencia, o mejor dicho: “conjunto de creencias”, suelen aglutinar en torno de sí  – de alguna manera – a un conjunto de individuos que idealizan una proposición que plantea la propia creencia, tomándose esta como la Verdad Absoluta, acumulando en su saber lo que se ajusta a la misma, constituyendo un entramado cultural y social que forma la identidad de agrupación de estos individuos que comparten creencias similares.

Las creencias sistémicas, tal cual he explicado, se establecen como dogmas que definen la moral de los asiduos a dicho grupo de creencias, siendo indispensable el conocerlas y acatarlas para poder entrar dentro del grupo.

El enfoque con respecto de una creencia o la diversidad en las mismas viene a conformar escisiones que no son otra cosa que sectas, siendo que una secta es un conjunto de creyentes de una doctrina que se independiza de esta por parcialidad ideológica, al considerarla falsa. A lo que yo añadiría: “conservando alguno de sus principios”.

En síntesis, existen dos tipos de influencias de las que proviene una creencia:

1.- La influencia externa: Es decir, asimiladas de otros para dar una posible explicación a uno o varios fenómenos. Importándonos bien poco si se pueden o no demostrar.

2.- La influencia interna: Que surge a raíz del estudio objetivo de datos concretos que apuntando en una misma dirección – y con intervención del pensamiento y la convicción (propia experiencia), nos hacen conjeturar una creencia aunque no sea, por el momento, demostrable. De ahí aquella relación con el principio de Incertidumbre Científica.

Las creencias suelen tener una base empírica, salvo en el caso de los dogmas e ideologías que por su naturaleza son opuestos al empirismo y por tanto a la ciencia y al conocimiento. Ya que no se espera comprobación de la doctrina, sino que se sigue a pies juntillas. Estando ésta fundamentada en la constitución de una identidad como grupo y la defensa de sus intereses con códigos morales de convivencia y actuación, como pudiera ser el aglutinamiento de poder o el reparto de las riquezas.

A resultas de esto, la opinión, está sometida a los criterios racionales que justifican la verdad de su contenido tales como la ciencia, la crítica racional y la creencia objetiva (sin sesgos cognitivos tales como la convicción o el prejuicio) fundada en criterios establecidos en base a la experiencia.

Cuando la creencia es opinable, se dice que es una creencia abierta admitiendo discusión  y contraste por parte de cualquiera que presente un modelo lógico y razonamientos en base a él.

Cuando esto no se da se dice entonces que la creencia es cerrada y sólo puede ser cuestionada por personas que son designadas autoridades en base a su afinidad con la creencia tal, produciéndose un razonamiento parcial que está viciado por el dogmatismo. De ahí la apertura o cerrazón de mente.

Opine.

Opine en base a los criterios racionales y a la ciencia (que no es sino lo que conocemos), de manera objetiva, no parcelada por prejuicios excluyentes y sobre todo, acompáñela de su experiencia.

La opinión es lícita siempre que se oponga a la imposición y a tratar de disfrazar el muñeco en base a unos intereses creados.

La opinión le acercará cada vez más, dadas las evidencias y los indicios a una creencia que en un futurible bien pudiera ser verdad.

Y para acabar, saliéndome del tema un consejo: Cuando opine con toda razón, no lo estropee, diga “desde mi punto de vista” en lugar de “bajo mi punto de vista” ya que su opinión (punto de vista) no es superior a nada, tan sólo es otra.