Celulares y Cerebro

Posted on 3 abril, 2011 by JPN.
Categories: Colaboraciones, curiosidades, Liberación, Salud en Peligro.

 

 

En recientes fechas me he hecho eco de una noticia sobre la que quiero llamar su atención. Aunque han pasado ya varios meses desde que la conociera, he tenido que contrastar las fuentes y bucear hasta los orígenes de la misma para poder ofrecerla a ustedes de la forma más veraz posible, ya que no soy un profesional de la información.

La noticia, que tan importante considero, no es otra que el descubrimiento empírico de la influencia que sobre el cerebro tiene el uso del móvil.

Ha sido el Instituto Nacional de la Salud de Estados Unidos quien tras realizar una serie de pruebas en hasta 47 sujetos el que ha llegado a la conclusión, escáner cerebral mediante, de que las señales emitidas por uno de estos artefactos afecta a las zonas del cerebro que se encuentran cercanas al aparato. Pudiéndose ver, medir y cuantificar un aumento en el consumo de glucosa por parte de estas áreas.

El experimento fue realizado colocando a cada uno de los sujetos un teléfono móvil en cada oreja, que en el momento de hallarse apagados no mostraban anomalía alguna.

Fue cuando uno de ellos se activaba (más concretamente el teléfono correspondiente al lado derecho del individuo, ya que el izquierdo servía de testigo de control), y tras 50 minutos de uso, cuando el escáner detectó un aumento notorio en el consumo de glucosa tal y como muestra la imagen con la noticia original.

Hay que decir que el artilugio no emitía sonido alguno, ya que el modo de las llamadas había sido colocado en “Mute” de una forma expresa, para no registrar posibles efectos auditivos en el escáner.

Cuando acercamos el móvil a nuestro oido el área cerebral más próxima experimenta un incremento de actividad cifrado en un 7%. Que es la media resultante de todas cuantas mediciones se hicieron. Ese incremento en el consumo de glucosa debido a la actividad cerebral también ocurre de manera natural en determinados momentos, pero la cuestión que aquí se ha demostrado es que esto sucede siempre como respuesta al estímulo artificial que se produce por el uso del móvil.

El Instituto Nacional de la Salud de Estados Unidos afirma que: “el móvil acelera la actividad cerebral en la zona más cercana a la antena”; aunque piden precaución a la hora de analizar estos resultados ya que una cosa es que exista esa alteración y otra muy diferente es si esta es perjudicial o no.

La importancia de esta investigación, y por ende de la noticia, radica en que se habría comprobado de facto que la radiación emitida por los teléfonos móviles afecta al tejido cerebral cercano al dispositivo, traducido en un aumento de los niveles de glucosa que es consumido por las áreas afectadas.

El Instituto Nacional de la Salud de Estados Unidos, sorprendidos por los resultados, está realizando estudios para determinar los efectos que a largo plazo pudiera tener la exposición prolongada en el tiempo a dicha radiación.

Existen algunos estudios que sugieren una relación íntima entre el uso intensivo del móvil y la aparición de ciertos tumores poco frecuentes, pero hasta ahora no hay una demostración científica irrefutable del hecho. En lo que sí coinciden en recomendar la diversidad de grupos de estudio sobre los posibles efectos nocivos del móvil sobre el cerebro, incluido el Instituto Nacional de la Salud de Estados Unidos, es la conveniencia de utilizar manos libres (de cable) al hablar por estos ingenios para alejar en la medida de lo posible la fuente de ondas de nuestro cerebro.

Louis Slesin, que es el editor de la revista Microwave News, nos dice: “el dogma en la comunidad de la telefonía móvil dice que no hacen nada; ahora sabemos que sí hacen algo y lo próximo será averiguar qué hacen y si está causando algún daño“.

Por su parte, Nancy E. Davidson, directora del Instituto para el Cancer de Pittsburgh pone de relieve el método empleado para efectuar dicha investigación y manifiesta que a pesar del escepticismo que hasta ahora se había mantenido sobre el riesgo para la salud de los teléfonos móviles, pues se mantenía que su señal era demasiado débil como para romper los enlaces químicos, a partir de este estudio se abren nuevos campos de investigación, concluyendo que estos resultados no deberían causar alarmismo y que ella en concreto no va a usar menos su móvil a raíz de este estudio. Eso sí con manos libres.

Pues ya ven que de forma oficial (y eminentemente científica) se ha reconocido, a priori, la existente e innegable relación entre el uso del móvil y una serie de alteraciones en el comportamiento natural de las zonas del cerebro que más próximas se encuentran a las antenas de los teléfonos celulares.

Ahora traten de imaginar, aunque sea sólo por un instante, que efectos puede llegar a producir una de esas antenas repetidoras de las que da cobertura a estos ingenios tecnológicos.